Era una vez, una oruga llamada Cater que por accidente entró a una reunión de superación personal para insectos triunfadores. Evento que marcó su vida. Cater estaba fascinado escuchando a ese atractivo saltamontes ir y venir con elegantes y amplios saltos por el escenario diciendo - ¿No estás ya cansado de ser un insecto insignificante?, ¿acaso no quisieras ser el mejor de todos los insectos? Mi madre siempre me dijo “Saltitos: no me importa qué hagas de tu vida siempre que seas el mejor en lo que haces” – Cater no recordaba tener madre y siempre deseo tener el concejo de una – Yo te invito insecto – continuo Saltitos dando de saltos – a que no seas uno más ¡Ve y salta hasta tu destino! Tres días después, Cater, todo lastimado, se sintió deprimido, no ha podido saltar a su destino, es más no ha podido saltar ni un mililitro y sus anillos están rendidos y adoloridos, ya ni se mueven para caminar a la velocidad ...
Cuentos, reflexiones y demás