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Mostrando las entradas etiquetadas como dioses

EL GRANDE

  EL GRANDE  - Carlos Ávila Pizzuto Como buen loco crees saberlo todo Como buen loco crees que todo lo ignoro ¡También he sido locura!   Desbordarme, perderme, hundirme y volar Dulce embriaguez de uva, humo y carne ¡También la he conocido!   Apostarlo todo en cada momento Virtud me parecía ser brillo fugaz Un tarro de galletas la vida, una criatura yo, una criatura tú   No lo sabia todo y todo no perdí Como montaña inamovible el grande se plató Mi desborde en su frontera descansó.   ¡No te juzgo eres un loco! ¡No te juzgo amo tu locura! Amor soy que tú caos contine   Como montaña ante tí me planto No hay locura tuya que a mí me aleje Cuando la deriva te arrastre, tu gran ancla seré.

Las Nuevas Leyes - Cuentos de Solidona 11

LAS NUEVAS LEYES Cuentos de Solidona 11  (Conoce el cuento 10 de Solidona ) (Conoce los Cuentos de Solidona desde el Principio Cuento 1 de Solidona )     -Les habla Solidona, buenas tardes. - Esa tarde Solidona se veía cansado como si cargara un enorme peso en sus hombros, levantó los brazos, invocó a la Original y continuó. - Y hoy en verdad les digo: La ayuda más provechosa la da quien no se olvida de sí mismo al ayudar. Quien da más de lo que quiere dar terminará sintiéndose despojado y cobrando la ayuda.     Solinde al ser alejada de Solidona, su genuina fuente de amor, transformó su búsqueda de amar en una búsqueda de adoración.         Al conocer a Ordin, encontró la manera de obtener la buscada adoración de sus padres. Cuando el gran Dios del Orden explicó sus leyes, Solinde supo que jamás que había una manera de exigir adoración  sin pedirla.     Logro poner tan nervioso a Ordi...

El Dios Celoso e Iracundo - Cuento de Solidona 10

 El Dios Celoso e Iracundo - 10° Cuento de Solidona   Viene del Soliloquio de Solinde - Cuento de Solidona 9 CONOCE EL CUENTO 1   Les habla Solidona, buenas tardes.     La Ira y el Orgullo evitan que aquello que ha resultado inútil sea reconsiderado. Se los digo esperando que las semillas del conocimiento caigan en tierra fértil.     La Ira encendió a Ordin. Estaba con Timpo y Dista recitando la Oración de la Restricción Absoluta cuando ante Él se aparece una Diosa, en belleza muy superior a Él y a todo lo que Él había visto. Ordin no podía aceptar un sentimiento de aprecio sensual a lo que observaba; tampoco podía reconocer la posibilidad de no ser el Ser perfecto, porque de entrada, la diosa es más perfecta que Él; era imposible para Él, también aceptar que el origen de esa visión pudiera haber sido el mismo que le suyo. Es decir, que Timpo, Dista y aquella que debe ser olvidada hubieran engendrado esa diosa rehaciéndose en el amor. ...