Por Carlos Ávila Pizzuto
Solidona entraba en trance y empezaba a contar historias. Está es la historia que contaba sobe el origen de todo:
Saludos, les habla Solidona.
En un principio eran cuatro. Sus nombres eran: Timpo, Dista, Ordi y Solidona.
Su estar era armónico y silencioso.
Ellos simplemente se extendían como cuerdas entrelazadas en la nada, que era todo.
Ninguno de los cuatro en realidad pensaba o sentían nada.
Es difícil explicar que estuvieran, después de todo, no experimentaban existencia de ninguna forma. Estar extendido por la nada, no nos permite afirmar ni siquiera su realidad ontológica.
Nosotros, quienes contamos esta historia, no podríamos haberlos conocido ni existido si no fuera porque Ordi se hizo evidente cuando se rompió.
La cuerda cedió de alguna parte y fue succionado por la nada que lo fue desgarrando, y dando chicotazos en su camino a ser absorbido, fue arañando y lastimando las fibras de Timpo y Dista que experimentaron de pronto un agudo dolor y miedo a romperse y desaparecer como Ordi.
Fue en el momento en que Timpo y Dista gritaron su dolor y miedo en el que Solidona se percató por primera vez de sí misma, al sentir tristeza y ternura por el dolor de sus hermanos y experimentar una tremenda ansiedad al notar que ya no estaba sujeta a las cuerdas de Ordi y que flotaba libre en la nada, que era todo.
La conciencia de existencia les hizo, a los tres, indispensable el expresar sus sentires a los otros dos.
-¿Cómo pudo ocurrir que Ordi se rompiera desgarrado? – Preguntaba aterrado Timpo – ¿Puede esto ocurrirnos a nosotros? ¿Es qué acaso yo, Timpo, puedo acabar como acabó Ordi?
-Creo que sí, porque algo ha terminado en mí cuando Ordi se desintegro, me separé de ti y de Solidona, ha quedado un vacio en mi centro. –Dista reflexionaba sobre su sentir con una inteligencia que despertó con la perdida de Ordi.- “ya no estamos en la nada porque Ordi se ha hecho nada y no está aquí, estoy en algo, soy algo extenso y ahora sé que puedo dejar de serlo. ¿Cómo pude no notar que soy hasta ahora que sé que puedo dejar de ser? ¿Habrá alguna forma de escapar al destino de Ordi?
Solidona escuchaba en silencio percatándose de los movimientos de algo, que podríamos llamar su alma, que se estremecía al escuchar las reflexiones de sus dos compañeros.
-¿Puede qué en realidad esto sea tan absurdo como que podamos dejar de ser? ¿No será que Ordi hizo algo que provocó su desintegración? -Se preguntaba Timpo.-¿O será que no se desintegró sino que se alejo de nosotros a una dimensión sin Dista, sin Solidona y sin Timpo?, ¿pero cómo pudiera ser esa dimensión? ¿Cómo se es allá?
Solidona no podía dejar de llorar al escuchar las preguntas de Timpo.
-¿Quién será el siguiente en irse? – Se preguntó Dista.
-¿Qué hizo Ordi para irse? – Preguntaba Timpo.
-Yo lloro, yo siento y yo soy; y no lloraba, no sentía y no era. Ahora soy con ustedes y antes simplemente estaba enredado en ustedes sin que yo fuera ni ustedes fueran. No sé si dejaré de ser, no sé si seguiré a Ordi, no sé si hay una secuencia, no sé si podamos evitar irnos, sólo sé que los veo y al verlos los siento y al sentirlos gozo. Si Ordi no se hubiera ido no estaría siendo... y amo ser.- Fueron las primeras palabras de Solidona.
Timpo y Dista escucharon y los tres se quedaron en contemplación los unos de los otros en silencio y sobrecogimiento.
CONOCE UNA NOVELA SOBRE LA FE CONTADA POR SOLIDONA
Solidona entraba en trance y empezaba a contar historias. Está es la historia que contaba sobe el origen de todo:
Saludos, les habla Solidona.
En un principio eran cuatro. Sus nombres eran: Timpo, Dista, Ordi y Solidona.
Su estar era armónico y silencioso.
Ellos simplemente se extendían como cuerdas entrelazadas en la nada, que era todo.
Ninguno de los cuatro en realidad pensaba o sentían nada.
Es difícil explicar que estuvieran, después de todo, no experimentaban existencia de ninguna forma. Estar extendido por la nada, no nos permite afirmar ni siquiera su realidad ontológica.
Nosotros, quienes contamos esta historia, no podríamos haberlos conocido ni existido si no fuera porque Ordi se hizo evidente cuando se rompió.
La cuerda cedió de alguna parte y fue succionado por la nada que lo fue desgarrando, y dando chicotazos en su camino a ser absorbido, fue arañando y lastimando las fibras de Timpo y Dista que experimentaron de pronto un agudo dolor y miedo a romperse y desaparecer como Ordi.
Fue en el momento en que Timpo y Dista gritaron su dolor y miedo en el que Solidona se percató por primera vez de sí misma, al sentir tristeza y ternura por el dolor de sus hermanos y experimentar una tremenda ansiedad al notar que ya no estaba sujeta a las cuerdas de Ordi y que flotaba libre en la nada, que era todo.
La conciencia de existencia les hizo, a los tres, indispensable el expresar sus sentires a los otros dos.
-¿Cómo pudo ocurrir que Ordi se rompiera desgarrado? – Preguntaba aterrado Timpo – ¿Puede esto ocurrirnos a nosotros? ¿Es qué acaso yo, Timpo, puedo acabar como acabó Ordi?
-Creo que sí, porque algo ha terminado en mí cuando Ordi se desintegro, me separé de ti y de Solidona, ha quedado un vacio en mi centro. –Dista reflexionaba sobre su sentir con una inteligencia que despertó con la perdida de Ordi.- “ya no estamos en la nada porque Ordi se ha hecho nada y no está aquí, estoy en algo, soy algo extenso y ahora sé que puedo dejar de serlo. ¿Cómo pude no notar que soy hasta ahora que sé que puedo dejar de ser? ¿Habrá alguna forma de escapar al destino de Ordi?
Solidona escuchaba en silencio percatándose de los movimientos de algo, que podríamos llamar su alma, que se estremecía al escuchar las reflexiones de sus dos compañeros.
-¿Puede qué en realidad esto sea tan absurdo como que podamos dejar de ser? ¿No será que Ordi hizo algo que provocó su desintegración? -Se preguntaba Timpo.-¿O será que no se desintegró sino que se alejo de nosotros a una dimensión sin Dista, sin Solidona y sin Timpo?, ¿pero cómo pudiera ser esa dimensión? ¿Cómo se es allá?
Solidona no podía dejar de llorar al escuchar las preguntas de Timpo.
-¿Quién será el siguiente en irse? – Se preguntó Dista.
-¿Qué hizo Ordi para irse? – Preguntaba Timpo.
-Yo lloro, yo siento y yo soy; y no lloraba, no sentía y no era. Ahora soy con ustedes y antes simplemente estaba enredado en ustedes sin que yo fuera ni ustedes fueran. No sé si dejaré de ser, no sé si seguiré a Ordi, no sé si hay una secuencia, no sé si podamos evitar irnos, sólo sé que los veo y al verlos los siento y al sentirlos gozo. Si Ordi no se hubiera ido no estaría siendo... y amo ser.- Fueron las primeras palabras de Solidona.
Timpo y Dista escucharon y los tres se quedaron en contemplación los unos de los otros en silencio y sobrecogimiento.
CONOCE UNA NOVELA SOBRE LA FE CONTADA POR SOLIDONA
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